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Día 3 — Dios es una porción todo-suficiente

Texto: «No quitará el bien a los que andan en integridad» (Sal. 84:11).

En tercer lugar: como Dios es una porción inmensa, una porción grande, así Dios es una porción todo-suficiente: «Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto» (Gn. 17:1). «Yo soy el Dios Todopoderoso» —o como otros traducen las palabras: «Yo soy el Dios todo-suficiente, o auto-suficiente». Dios tiene en sí mismo auto-suficiencia y toda-suficiencia. Algunos derivan la palabra Shaddai, aquí traducida Todopoderoso o todo-suficiente, de shad, un pecho; porque Dios alimenta a sus hijos con suficiencia de todo bien, como la tierna madre al niño que mama.

«Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande» (Gn. 15:1). Seré tu broquel para defenderte de toda clase de daño y miserias, y seré tu galardón sobremanera grande para suplirte con todas las misericordias necesarias y deseables. ¿Y qué más puede desear un santo?

«Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad» (Sal. 84:11). El sol, la más excelente de las criaturas inanimadas, señala toda excelencia, provisión y prosperidad; y el escudo, la principal de las criaturas artificiales, señala toda protección. Bajo el nombre de gracia está envuelto todo bien espiritual; bajo el nombre de gloria, todo bien eterno; y bajo la última cláusula, «no quitará el bien», está envuelto todo bien temporal. Todo junto proclama que Dios es una porción todo-suficiente.

Antes de que el mundo fuese hecho, antes de que ángeles u hombres existieran, Dios era tan bienaventurado y tan glorioso en sí mismo como lo es ahora. Dios es un ser tan todo-suficiente y tan excelente, que nada puede añadírsele para hacerlo más excelente. El hombre, en su mejor estado, es tan gran pedazo de vanidad (Sal. 39:5), que necesita mil millares de cosas: necesita el aire para respirar, la tierra que lo sostenga, el fuego que lo caliente, vestidos que lo cubran, casa que lo abrigue, alimento que lo nutra, lecho que lo descanse, amigos que lo consuelen, etc. Pero esta es la excelencia de Dios: que tiene en sí mismo todas las excelencias y de nada tiene necesidad. Si hubiera tantos mundos como hombres hay en el mundo, y todos esos mundos llenos de santos bienaventurados; sí, si hubiera tantos cielos como estrellas hay en el cielo, y todos esos cielos llenos de ángeles gloriosos, todos esos santos y ángeles juntos no podrían añadir lo más mínimo a Dios. ¿Qué pueden añadir a la mar las gotas sacadas de la mar? ¿Qué puede añadir la criatura finita al Ser infinito? Aunque todos los hombres del mundo alabaran al sol y dijeran: el sol es una criatura gloriosa, todo ello nada añadiría a la luz y la gloria del sol; así, aunque todos los santos y ángeles bendigan, alaben, admiren y adoren a Dios por toda la eternidad, jamás podrán añadir nada a Dios, que es bendito para siempre.

¡Oh cristianos! Dios es una porción todo-suficiente: su poder es todo-suficiente para protegerlos; su sabiduría, todo-suficiente para dirigirlos; su misericordia, todo-suficiente para perdonarlos; su bondad, todo-suficiente para proveerlos; su palabra, todo-suficiente para sostenerlos y fortalecerlos; su gracia, todo-suficiente para adornarlos y enriquecerlos; y su Espíritu, todo-suficiente para guiarlos y consolarlos. ¿Y qué más pueden desear?

¡Oh, señores! Dios tiene en sí mismo todo el bien de los ángeles, de los hombres y de la naturaleza universal: tiene en sí mismo toda gloria, toda dignidad, todas las riquezas, todos los tesoros, todos los placeres, todas las delicias, todos los consuelos, todos los contentamientos, todos los gozos, todas las bienaventuranzas. Todas las excelencias y perfecciones esparcidas que hay en las criaturas están en Él de modo eminente, trascendente y perfecto. Miren: como el valor de muchas piezas de plata se contrae en una pieza de oro, así todo el volumen de perfecciones esparcido por el cielo y la tierra está epitomado en Dios, según aquel antiguo dicho: Omne bonum in summo bono —todo bien está en el sumo Bien. Dios es en sí mismo una infinita perfección, que es de modo eminente y virtual todas las perfecciones de las criaturas. Todo el bien, la excelencia, la hermosura y la gloria que hay en las criaturas no son sino partes de aquel todo que está en Dios; y todo el bien que hay en ellas es prestado y derivado de Dios, que es la causa primera y la causa universal de todo el bien que hay en ángeles u hombres. Dios es una porción suficiente para asegurar sus almas, suplir todas sus necesidades, satisfacer todos sus deseos, responder a todas sus expectativas, sofocar a todos sus enemigos y, después de todo, llevarlos a la gloria. ¿Y qué más pueden desear?

Pero todas las porciones terrenales son porciones insuficientes: no pueden prevenir las aflicciones, ni sostener el alma bajo las aflicciones, ni mitigar las aflicciones, ni librar al hombre de las aflicciones; no pueden armar el alma contra las tentaciones, ni consolar al alma bajo las tentaciones, ni sacar al alma de las tentaciones. Todas las criaturas del mundo no son sino ceros sin Dios: cuando Dios frunce el ceño, todas las criaturas del mundo no bastan para alegrar el alma; cuando Dios se retira, todas las criaturas del mundo no bastan para sustentar el alma; cuando Dios nubla su rostro, todas las criaturas del mundo no bastan para hacer de día en el alma, etc.

No hay en toda la creación suficiente para contentar, aquietar o satisfacer un alma inmortal. El que más tiene del mundo, más quisiera tener; y el que menos tiene del mundo, tiene bastante, si su alma puede decir con fundamento: «Jehová es mi porción».

Para meditar:

Repasa la lista de Brooks —poder, sabiduría, misericordia, bondad, palabra, gracia, Espíritu—. ¿Cuál de estas suficiencias necesitas invocar hoy por nombre?